martes, 26 de junio de 2012

¿Qué es el amor?

¿Qué es el amor? ¿Existe realmente? ¿Qué forma y tacto tiene? ¿A qué huele? ¿Cuántos tipos hay?
Cuanto más tiempo pasa, menos comprendo. Porque es una palabra cualquiera, tal como mesa, silla, lámpara. ¿O acaso es algo más?
¿Es protección? ¿O tal vez respeto? ¿Confianza? ¿Amistad? ¿Ternura? ¿O todas las cosas a la vez?
¿Es esa sensación de felicidad que te inunda el pecho hasta tal punto que parece que va a explotar?
¿O es ese dulce cosquilleo que te sube desde el estómago hasta la garganta? Ese cosquilleo provocado por una mirada, una sonrisa, un aroma, una caricia, un beso. Ese cosquilleo que te hace sonreír como una tonta y suspirar. Que te hace libre, que te hace volar.
¿Qué es el amor? ¿Cómo se define? Más bien, ¿se puede definir tanto en un par de líneas? ¿O en una palabra?
¿Sí? ¿Se puede?
Voy a intentarlo.
Tú.
Creo que es la mejor definición que se me haya podido ocurrir.


martes, 12 de junio de 2012

Jaula dorada

Una brisa fresca y primaveral cargada con el polen y el aroma de las flores llegó hasta el pequeño porche de una casa situada a la orilla del campo. Las plantas salvajes crecían por doquier en el descuidado jardín y los insectos pululaban a su antojo entre la maleza. Las aves volaban libres buscando alimento mientras gorgojeaban de júbilo al surcar el azul infinito del cielo.
Sólo se escuchaba un triste cantar, procedente de aquella descuidada morada.
Un pequeño pájaro silvestre se hallaba acongojado tras los barrotes de una preciosa jaula hecha artesanalmente. Una delicada filigrana nacía en la puertecilla de hierro y se extendía por el resto de la pajarera, dándole a ésta un brillo dorado cuando el sol se reflejaba en el metal precioso del fino adorno. Los recipientes eran sin embargo de un cristal tan transparente y reluciente que hacía parecer que tanto el alpiste como el agua estaban ahí flotando, hechizados por alguna magia. Un aro de madera que se sujetaba al techo de la jaula por un soporte dorado le servía al animal como columpio.
El pajarillo miraba con sus ojos negros y brillantes la bóveda celeste que se extendía por encima del lugar dónde se encontraba cautivo. Una silenciosa nostalgia invadía su pequeño cuerpo al ver a los otros pájaros volar.
Aunque no fuese tan inteligente como los humanos había aprendido algo: no podía escapar de aquel refugio obligado. Aunque los barrotes le protegían de posibles depredadores, también le impedia hacer aquello para lo que había nacido.
Volar. Volar. Volar.
Aquel impulso le obligaba de vez en cuando a saltar, extendiendo sus extremidades superiores intentando echar el vuelo, chocando con el techo de barrotes y cayendo después. Pero era inútil. Sus alas habían sido atrofiadas adrede para que no pudiera volar más.
Sentía que se moría de pena por dentro.
¿Cómo podían haber sido tan cruel con él?
No había hecho nada malo, y aun así, le habían quitado la razon de su existencia, obligándolo a estar cautivo hasta el día de su muerte.
La brisa fresca y primaveral cargada con el polen y el aroma de las flores se fue, y dejó a aquel pajarillo solo.
Aquel pajarillo entonó su dulce y triste canción y estiró sus alas lisiadas con ansias de libertad.

lunes, 28 de mayo de 2012

Días como hoy

Porque hay días en los que dedicar una sonrisa se hace difícil.
Días como hoy, en los que el sol brilla y pinta la calle con colores alegres, desentonando con su estado de ánimo. Días más largos de lo habitual y que se hacen cuesta arriba. Días en los que se da cuenta que está sola porque quiere, porque aparta a todo aquel que se intenta adentrar en su corazón por miedo a ser herida. Días en los que los recuerdos más tristes le hacen derramar un mar de lágrimas.
Pero, ¿porqué tanta desilusión, chiquilla? ¿Porqué no aprecias lo que tienes? ¿Acaso no te das cuenta de que estás a punto de perderlo?

jueves, 17 de mayo de 2012

Otra vez estoy aquí escribiendo, con el corazón encogido y la mente desaliñada.
Hacía ya algo de tiempo que no ponía mis pensamientos en orden y se habían enredado unos con otros, cual madeja de hilo, creando nudos que parecen imposibles de deshacer. Pero he ido tirando de cada hilo, siguiendo el rastro de su color entre los demás, pudiéndolos sacar en claro. Aunque algunos de ellos se han roto en el camino, revolucionando aquella paz momentánea y haciendo surgir el caos nuevamente.
Hasta que he llegado a este punto en el que me encuentro, sin saber qué pensar o qué sentir exactamente, provocando que ideas y sentimientos contradictorios ocupen mi mente y mi corazón a la misma vez.
¿Debo estar alegre o triste? ¿Debo confiar o no? ¿Debo tener miedo o dejarme llevar sin temor?
¿Qué es esto? ¿A qué viene tanta confusión? ¿Y mi antigua seguridad? ¿Dónde fue tras ser dañada?
¿Porqué no puedo sacar nada en claro? ¿Porqué me cuesta tanto entregarme a la felicidad? ¿Tal vez sea miedo a ser dañada? ¿Esta todo provocado por eso?
Lo más importante: ¿qué se puede hacer contra el miedo?

viernes, 30 de marzo de 2012

Ella

Ella quería sentirse guapa, era una ocasión muy especial. Se arregló el pelo. No quería estar tan desaliñada como siempre. Abrió el armario, pero los astros conspiraban contra ella. Nada pegaba con nada. Nada le sentaba bien en ese momento.

"La culpa es de las mariposas que revolotean en mi estómago... son ellas las que no combinan con ese vestido y esos zapatos"

Ella quería ser perfecta, sólo para él. Quería que la mirara y la hiciera sentir guapa. Que se sintiera orgulloso hasta de caminar a su lado. Pero no paraba de tropezar con el aire, pues no había ni una sola piedra en el camino.

"Son las mariposas... por su culpa me he tenido que poner otros zapatos. No quiero que me llamen hortera por ponerme colores tan dispares. "

Ella quería hacerle reír. Pero las frases ingeniosas y las morisquetas tenían colgado el cartel de "agotado".

"¡Vaya con los zapatos! Si me hubiera puesto los que tenía pensados, no habría llegado tarde y aun quedarían por lo menos algunas morisquetas...."

Ella quería tantas cosas... tal vez demasiadas.

Ella se quedó esperando. Esperó y esperó, hasta que se agotó la paciencia. El frío llenó sus pulmones y las mariposas, congeladas, volaron lejos, huyendo de aquel sentimiento que la atenazaba.

"Maldita sea, sino hubiese tardado tanto, tal vez él no se habría ido cansado de esperar, tal vez las mariposas se habrían quedado también, tal vez... tal vez él regrese por mí."

Ella se quedó ahí, sentada. Esperó a aquel que no iba a venir. Esperó tanto que parecía formar ya parte de aquel desolado banco. Su vestido se arrugó, sus zapatos se ensuciaron, su pelo se rebeló y las lágrimas ensuciaron su cara. Ella se sentía sola y decepcionada.

"No le merezco, ¿es eso, verdad? No soy lo suficientemente buena para él. A pesar de que lo he dado todo, de que he intentado ser perfecta para él... he hecho todo lo que estaba en mi mano para hacerle feliz. ¿Acaso... está todo perdido?"

Pero ella no se rindió. Esperó todos los días a la hora que habían acordado en aquella ocasión en el mismo banco. Sus ropas se hicieron harapos y sus zapatos se desgastaron de recorrer el mismo camino. Sin embargo, la esperanza no la abandonaba e iba con más fuerzas que el día anterior. Pero ella no sabía que por mucho que fuera, él no iba a volver.

"Tengo que tener más confianza. A lo mejor es por eso por lo que no viene."

Estaba ya cansada y perdida cuando vio una figura en el horizonte que venía hacia ella.
Su corazón no se aceleró ni las mariposas volvieron para darle la bienvenida. Ni siquiera se sentía dolida como al principio.

Ya no era él a quien ella estaba esperando.