Ella quería sentirse guapa, era una ocasión muy especial. Se arregló el pelo. No quería estar tan desaliñada como siempre. Abrió el armario, pero los astros conspiraban contra ella. Nada pegaba con nada. Nada le sentaba bien en ese momento.
"La culpa es de las mariposas que revolotean en mi estómago... son ellas las que no combinan con ese vestido y esos zapatos"
Ella quería ser perfecta, sólo para él. Quería que la mirara y la hiciera sentir guapa. Que se sintiera orgulloso hasta de caminar a su lado. Pero no paraba de tropezar con el aire, pues no había ni una sola piedra en el camino.
"Son las mariposas... por su culpa me he tenido que poner otros zapatos. No quiero que me llamen hortera por ponerme colores tan dispares. "
Ella quería hacerle reír. Pero las frases ingeniosas y las morisquetas tenían colgado el cartel de "agotado".
"¡Vaya con los zapatos! Si me hubiera puesto los que tenía pensados, no habría llegado tarde y aun quedarían por lo menos algunas morisquetas...."
Ella quería tantas cosas... tal vez demasiadas.
Ella se quedó esperando. Esperó y esperó, hasta que se agotó la paciencia. El frío llenó sus pulmones y las mariposas, congeladas, volaron lejos, huyendo de aquel sentimiento que la atenazaba.
"Maldita sea, sino hubiese tardado tanto, tal vez él no se habría ido cansado de esperar, tal vez las mariposas se habrían quedado también, tal vez... tal vez él regrese por mí."
Ella se quedó ahí, sentada. Esperó a aquel que no iba a venir. Esperó tanto que parecía formar ya parte de aquel desolado banco. Su vestido se arrugó, sus zapatos se ensuciaron, su pelo se rebeló y las lágrimas ensuciaron su cara. Ella se sentía sola y decepcionada.
"No le merezco, ¿es eso, verdad? No soy lo suficientemente buena para él. A pesar de que lo he dado todo, de que he intentado ser perfecta para él... he hecho todo lo que estaba en mi mano para hacerle feliz. ¿Acaso... está todo perdido?"
Pero ella no se rindió. Esperó todos los días a la hora que habían acordado en aquella ocasión en el mismo banco. Sus ropas se hicieron harapos y sus zapatos se desgastaron de recorrer el mismo camino. Sin embargo, la esperanza no la abandonaba e iba con más fuerzas que el día anterior. Pero ella no sabía que por mucho que fuera, él no iba a volver.
"Tengo que tener más confianza. A lo mejor es por eso por lo que no viene."
Estaba ya cansada y perdida cuando vio una figura en el horizonte que venía hacia ella.
Su corazón no se aceleró ni las mariposas volvieron para darle la bienvenida. Ni siquiera se sentía dolida como al principio.
Ya no era él a quien ella estaba esperando.