Creo que debería dejar de escuchar música durante todo el día. Música. Música mientras como, música mientras espero el autobús, música mientras salgo a pasear… e incluso música mientras duermo. Se ha convertido en algo imprescindible para mí el ponerle banda sonora a mi vida. Pero escuche la canción que escuche, sea alegre o triste, en español o en cualquier otro idioma, termino recordando algo que no quiero o no debería recordar, que me hace daño o hace que dibuje en mi rostro esa sonrisa tonta. No hay día que no te recuerde y sonría por todos los momentos que hemos pasado juntos o que cuente los días que faltan para poder volver a verte, mirarte a los ojos sin necesidad de contemplar una fotografía, tocarte, abrazarte, besarte, decirte cuanto te quiero a la cara y no por teléfono. No hay día que no recuerde cuanto he sufrido por errores ajenos y me ponga a llorar de buenas a primeras. No hay día que no recuerde a esas personas que hoy me faltan y con las que me hubiera gustado compartir mi día a día. No hay día que no evoque recuerdos gracias a las canciones que llevo en el reproductor de mi teléfono móvil o mi mp3. No hay día que no descubra temas nuevos y construya nuevos recuerdos. No hay día en el que no escuche música.
¿Sabes? Creo que será mejor que no deje de escuchar música nunca. Creo que no debería dejar de recordar nunca quien soy.

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