lunes, 22 de agosto de 2011

Irritantes indirectas

Parece ser que está últimamente de moda eso de no decir las cosas tal cuales son. Claro, que todos aceptamos este tipo de acciones porque no es mentir en toda regla. Y de eso va, ¿no? De que parezca que no nos saltamos esas reglas moralmente impuestas y tratemos de quedar bien no importa la ocasión.
Porque estaremos de acuerdo que no suena igual "neutralizar" que "matar" ni "persuasión" que "tortura". Este invento de los eufemismos parece ser de lo más útil para enmascarar la realidad y les viene al pelo a aquellos que se ganan el pan haciéndolo.
¿Por qué tantos rodeos? ¿Por qué no decir las cosas directamente?
 Ah, ya, claro, se me olvidaba. Si lo hacemos, tendríamos que afrontar las consecuencias directas de nuestras palabras. Ahí está el encanto de dar tanto rodeo: poder escapar de las situaciones apelando que eso no fue lo que salió de nuestras bocas; porque así, donde dije "digo", digo "Diego"... que estaremos de acuerdo que tampoco suenan igual, aunque se parecen. Y es que estos eufemismos nuestros ya no saben donde esconderse.

sábado, 20 de agosto de 2011

Calma

He cerrado los ojos para evitar sentir náuseas al mirar a mi alrededor. Me he concentrado en lo que oigo para distraer mi mente apenas un instante. Dentro, sólo se oye el suave tic-tac de un reloj de bolsillo. De más allá de los barrotes de mi ventana me llega el sonido de las hojas de los árboles al ser mecidas por el viento. Todo está en calma. Calma. Calma. Calma... ¡Dichosa calma! Me inquieta desde lo más profundo y hace parecer que mi vida se ha parado en este lugar, en este momento, del que no lograré salir jamás. Dichosa cárcel que a su vez ejerce de refugio...aquí, encerrada, el tiempo parece no avanzar.
Y me pregunto, ¿cuándo mi vida va a volver a empezar?

Miedos irracionales

Desde muy pequeña me han dado miedo seres como fantasmas o bestias desfiguradas.
Pobre necia de mí.
¿Cómo he podido olvidar por un momento que el ser más terrorífico y despiadado no es otro que el ser humano?

martes, 16 de agosto de 2011

El precio de soñar

Es muy triste levantarte un día de la cama y darte cuenta de que has perdido la ilusión por todo, que ya no fantaseas despierta con un futuro lleno de dicha y que ya no hay más que sueños rotos y fustrados. Simplemente, te centras en seguir adelante, rezando para que el tiempo pase como una nebulosa, sin que te des cuenta de nada, sin tener que sufrir más.
Exacto, sin sufrir.
Aunque lo más lamentable es que ni se te permita sentir dolor, ya que ha sido remplazado por la indiferencia y la impotencia. Ahora, las lágrimas no te pueden ayudar a desahogarte.
Cuando pierdes la ilusión por vivir, cuando pierdes la esperanza... lo pierdes todo, y ya no es tan fácil afrontar el día a día con una sonrisa. Las cosas no se te antojan como antes y pierden su color. El mundo se torna oscuro, cruel y egoísta, y ves a las personas de tu alrededor como si fueran personajes de alguna retorcida y macabra tragicomedia.
Y cuando llegas a este punto, deseas más que nada que las lágrimas te ayuden a deshacerte de la ponzoña que te envenena y volver a soñar... volver a ser dueña de tu vida y sentir en ti los colores con los que la pintas...
Pero esto, por muy duro que sea, es la realidad y soñar tiene su precio.
Y ahora te das cuenta... demasiado tarde, pequeña.

martes, 2 de agosto de 2011

Mi nuevo sueño

Desde pequeños nos inculcan que, para que nuestra vida tenga sentido, hemos de perseguir un sueño. Ser capaz de sanar a las personas o a los animales enfermos, proteger la justicia y el orden de la ciudad, deslizar colores sobre un gran lienzo de tela, preparar y servir los más deliciosos de los manjares... Sueños.
Yo también he perseguido los míos propios: unos se han cumplido y otros se han unido a mi gran lista de sueños frustrados.
Sin embargo, ahora no estoy dispuesta a fracasar. Persigo otro tipo de sueño, otro que no sabía que existía hace tiempo, y por el que no dejaré nunca de luchar.
Mi nuevo sueño eres tú.