lunes, 14 de noviembre de 2011

Relato breve

La luz me molesta en los párpados. Mierda, anoche olvidé cerrar la persiana. Abro los ojos poco a poco y voy distinguiendo los dibujos de las coloridas sábanas de mi cama. Aun deslumbrada por la claridad, mi mirada huye de los rayos de sol que entran por la ventana y recorre una de las arrugas que hace la tela al enrroscarse en mi pierna para luego dirigirse a mis manos, abrazadas a la almohada. Junto a mí, un gran vacío. Estiro una mano hacía el otro lado de la cama. Frío. Nadie ha dormitado allí desde que él se fue. Supongo que, aunque intente engañarme a mí misma, le sigo esperando. Pero eso no lo llegará a saber nadie, será por siempre mi anhelo secreto. Jamás reconoceré que, aunque me hizo daño, le sigo amando. Tonta. Tonta. ¡Tonta!

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