Desde la niñez, alimentan nuestras mentes con dulces y reconfortantes historias sobre príncipes que despiertan a princesas de su letargo con un mágico beso de amor; y sin embargo, se olvidan de lo más importante: desmentirlas.
Crecemos con la esperanza de que en algún sitio hay un príncipe azul esperándonos y que un final feliz nos augura. Pero la realidad no tiene nada que ver:
Princesas que se tiran de sus torres o que se ven obligadas a vender su cuerpo, ranas que seguirán siendo ranas, príncipes que sumen en un largo letargo a princesas a base de golpes...
Y sin embargo, aun sabiendo todo esto, esperamos secretamente que seamos la excepción, que haya alguien especial destinado a encontrarnos y a querernos.
¿Y cómo no iba a mantener viva la esperanza de que el mundo no es tan cruel como parece si estoy rodeada de innumerables personas que me quieren? Sí, sigo creyendo en esas fantasías... en esos cuentos de hadas de mi niñez que hacen que la vida no sea tan dura.

Vamos.... ¿que seria de nuestra vida sin ilusiones? Todos necesitamos algo en lo que creer, por lo que luchar, una esperanza.
ResponderEliminaryo creo que las cosas malas ocurren para que las buenas sean mas buenas aun.
En cuanto a lo del principe azul... Nadie es perfecto =)